sábado, 20 de diciembre de 2014

PRISIONERO DE TUS PALABRAS

Muchas veces hablamos por hablar, sí, yo también lo hago, lo reconozco; y sé que no soy la única.

Muchas veces hablamos por hablar, y no me refiero a cuando decimos la primera tontería que se nos pasa por la cabeza, porque es cierto que hay que ser natural en esta vida.

Con hablar por hablar me refiero a cuando opinamos sobre algo sin tener ni idea, a cuando criticamos las actitudes y acciones de otras personas, a cuando prometemos o juramos sin pensar.
Es cierto que tenemos que dar nuestras opiniones sí, pero  hay que darlas con algún fundamento ¿no? Porque sino, ¿qué sentido tiene darlas?
Lo mismo pasa con las veces que criticamos; que son bastantes, no lo neguemos; sin tener ni la más remota idea de por lo que puede haber pasado o estar pasando esa persona o personas. En realidad, muchos comportamientos no pueden entenderse sin ponerse en la piel de la otra persona.
Y cuando prometemos cosas sin pensarlas, sin ni siquiera plantearnos la posibilidad que tenemos de cumplirlo.

PRISIONERO DE TUS PALABRAS, de NUESTRAS palabras. No podemos negar que la gran mayoría de las veces que hemos hablado por hablar nos ha llevado a arrepentirnos posteriormente de haberlo hecho; como cuando vivimos una situación parecida o igual que la de la persona que fue criticada, o cuando nos damos cuenta de somos incapaces de cumplir la promesa propuesta.
Por eso hay que controlar las palabras o ser consciente de lo que somos capaces de hacer y de cuáles son nuestro límites.