Miradas nerviosas, miradas incomprensibles, pero a la vez tan comprensibles como la lengua materna. Miradas que solo ellos dos entienden, miradas que delatan complicidad.
Que lo reconozco, que me pongo nerviosa, me sale a sonrisa tonta, mi humor puede depender de una conversación con la persona correcta. ¿Para qué mentir? Al fin y al cabo a todos nos pasa por mucho que quiera ocultarse... Y es que he leído tantas cosas que ya no sé cuál creer. Que si hay una media naranja por persona, que si hay dos personas totalmente aptas para serlo; que si no hay que esperarla sino buscarla, que si viene por sí sola y no te das cuenta, que si te das cuenta pero por 'h' o por 'b' se esfuma, que si carpe diem que si tempus fugit, que si hay que pensar bien antes de actuar...
¿Cuál de todas estas es la correcta? Puede que busque la respuesta durante toda mi vida hasta encontrarla y crear mi propia versión, o puede que no la busque, o puede que simplemente la busque inconscientemente.
Sinceramente lo único que sé respecto a este tema, es que como muchas otras personas he sentido las dichosas mariposas, y una persona ha podido ser un tiempo mi pilar más preciado, y he tenido esa famosa complicidad que dicen; y mi humor ha estado basado en conversaciones o en decisiones mutuas. Que mis despertares tenían que ver con los últimos mensajes nocturnos, y mis noches dependían de lo mismo.
¿Pero en realidad para qué? ¿Por qué? Si al final se pasa peor creando la dependencia, ¿no? Pues porque el nivel de alegría al que se puede llegar, por muy mínimo que sea, merece la pena. Ahí está la gracia de todo, en ver hasta qué punto llega tu orgullo y si la satisfacción puede llegar a vencerlo.
